Eventos del SITEAL

Corresponsabilidad parental en la crianza

Conversación entre Francisco Aguayo y Néstor López

El 2 de octubre de 2017, en el marco de los Eventos de SITEAL 1, Francisco Aguayo -Magíster en Estudios de Género (Universidad de Chile), Psicólogo (PUC), Director de EME - Fundación CulturaSalud e Investigador en masculinidades y paternidades- y Néstor López -coordinador del Sistema de Información sobre Primera Infancia en América Latina (SIPI)-, conversaron sobre la corresponsabilidad parental en la crianza y reflexionaron sobre iniciativas de política que posicionan a esta temática como asunto público. 

Néstor López: En América Latina, la corresponsabilidad parental en la crianza ha ganado espacio en el debate público y la discusión gira en torno a dos ejes. Se problematiza el rol del Estado frente a la crianza ¿Es este un asunto privado? En segundo lugar, se problematiza la naturalización de roles entre varones y mujeres ¿Cuánto se ha avanzado en igualar la participación de los varones y las mujeres en la crianza de niños y niñas pequeños?  

Se registran grandes cambios en la región. Para conocer más sobre las características de este proceso, hemos organizado esta conversación con Francisco Aguayo, co-coordinador del informe Estado de la paternidad en América Latina y el Caribe 2017. El punto de partida de la conversación es ¿Cuál es el debate actual en torno a la corresponsabilidad parental en América Latina?

Francisco Aguayo: En los últimos años se ha extendido la preocupación -tanto desde el ámbito de la investigación como desde el de las políticas- por resolver el problema del cuidado. El cuidado alude a todas las acciones que se desarrollan para resolver el bienestar de los miembros de una unidad doméstica. La crianza refiere a las acciones de cuidado relacionadas directamente con los niños y niñas desde que nacen hasta finalizada la adolescencia.

La carga de cuidado está creciendo en toda la América Latina debido, entre otros factores, al envejecimiento de la población. Se habla de "crisis de cuidado" y se sabe que hasta ahora la mayor parte de esa carga ha sido soportada por las mujeres. Los estudios de género introducen el desafío de involucrar a los hombres para favorecer la igualdad de género en el cuidado. 

En América Latina las mujeres cuidan de 2 a 6 veces más tiempo que los hombres a los niños en la casa, en tanto los hombres dedican más tiempo al trabajo remunerado 2.

El cuidado fue entendido históricamente como un asunto que se resolvía al interior de la unidad doméstica. Hoy en día se está hablando de corresponsabilidad familiar, social y estatal. Los Estados deben reconocer las necesidades de cuidado como derecho y posicionarse como garante de este derecho. En cuanto a la corresponsabilidad familiar, esta se resuelve en la distribución de responsabilidades frente al trabajo remunerado y el cuidado de los hijos. En este sentido, la corresponsabilidad frente a la crianza lleva a revisar las relaciones de género

NL: ¿Beneficia también a los niños que una pareja asuma la crianza de modo compartido?

FA: Según cierta tradición extendida en nuestra cultura, el cuidado y la crianza eran asunto de las madres y el trabajo remunerado era asunto de los padres. Aún hoy muchas personas piensan que ese es el modelo más adecuado para la crianza. Sin embargo, estudios longitudinales muestran que el involucramiento del padre en el cuidado y la crianza impacta positivamente en el desarrollo de su hijo o hija en términos nutricionales y de salud, de habilidades sociales y de autoestima 3.

Se observa que los niños y las niñas que tuvieron un papá involucrado en la crianza, cuando llegan a la adolescencia corren menos riesgos respecto a su salud mental, su salud reproductiva e incluso menos probabilidades de involucrarse en situaciones de conflicto con la ley 4. Hay buenas razones para pensar que es importante que los padres varones se involucren en la crianza.

Frente a la pregunta acerca de si el papá aporta algo específico, nosotros decimos que entre más cuidadores de calidad tiene un niño, mejor para su desarrollo. Los estudios de la región muestran que cuando el papá está involucrado activamente en las tareas de cuidado y crianza, la madre ve disminuida su carga doméstica, tiene más tiempo para sus asuntos, mejora su salud mental y su bienestar. Según estos estudios los hombres involucrados con su paternidad reportan tener mayor bienestar en sus vidas y sentirse más realizados, participan más en la comunidad, y presentan menos consumo de alcohol y drogas.

NL: Estamos hablando de repensar los roles de género y las dinámicas intrafamiliares. ¿Cuál es la situación en América Latina? ¿Hay evidencia que señale avances al respecto?

FA: El panorama es auspicioso debido a la problematización del tema, pero la radiografía que hacemos sobre usos de tiempo muestra que todavía en muchas familias persiste la tradicional idea de los roles complementarios. Varios autores mencionan que las familias de doble ingreso -con un papá y una mamá que trabajan de forma remunerada- presentan las mejores condiciones para la corresponsabilidad familiar. Lo increíble es que los estudios muestran que, incluso en las familias donde mamá y papá trabajan, la participación de los hombres en la crianza es muchísimo menor en tiempo que la de las mujeres.

En los últimos 10 años asistimos a una irrupción de estudios que parten del reconocimiento del cuidado como trabajo no remunerado. Tenemos diversas encuestas sobre uso de tiempo, hay una producción de datos relevante y una preocupación de varias agencias -como PNUD, CEPAL, OIT, UNESCO- por el asunto del cuidado. Es un tema que está entrando en el discurso de las agencias desde un enfoque de derechos, de la mano de cuestiones como el trabajo decente, la igualdad de salario, la conciliación trabajo-familia, la calidad de vida familiar.

Algunos Estados han avanzado en el desarrollo de políticas específicas, como el parto acompañado, la promoción de la participación de los padres en las prestaciones de salud, las licencias parentales y otras iniciativas de conciliación trabajo-familia.

Hay políticas que son necesarias porque construyen las plataformas desde las cuales avanzar en la corresponsabilidad familiar. Por ejemplo, la ampliación de la cobertura de jardines infantiles y guarderías o intervenciones orientadas a lograr igualdad de salario entre varones y mujeres. En la región se paga en promedio 19% menos a las mujeres que a los hombres por igual calificación e igual trabajo, eso presiona para que sean los hombres los que se mantengan en el trabajo remunerado cuando nace un hijo y que sean las mujeres las que lo cuiden. Es contundente lo que ocurre en las familias de América Latina cuando nace un hijo en el marco de una pareja heterosexual: el hombre sostiene su participación en el mercado de trabajo -incluso sube levemente el porcentaje de hombres con trabajo remunerado-, y las mujeres se retiran del mercado laboral y se dedican al cuidado, muchísimo más allá de los períodos postnatales. 

NL: ¿La irrupción del Estado sobre estos temas está incidiendo en la dimensión cultural, en las reflexiones y representaciones de la gente? ¿Podríamos pensar que -al intervenir sobre estas cuestiones- el Estado está instalando un debate diferente?

FA: Es necesario que contemos con políticas para acelerar los procesos que favorecen la igualdad de género. Pareciera que los procesos de cambio en los arreglos familiares tienen mucho que ver con cambios culturales y en la organización del trabajo remunerado. Diría que, en América Latina, el Estado va más atrás, favoreciendo lentamente estos procesos. Distinto es el caso de los países nórdicos que hace 30 años se propusieron construir las condiciones para que haya igualdad de género en la organización de la crianza en el espacio doméstico. Han logrado una distribución que -si bien no es 50/50- es 60/40, con una carga levemente mayor para las mujeres. Es interesante este laboratorio nórdico porque muestra que es posible cambiar las relaciones de género por más machismo que haya en nuestras culturas.

NL: En varios temas que tienen que ver con la ampliación de derechos, el Estado está teniendo un rol de liderazgo. Buena parte de la normativa vigente en los países de América Latina no necesariamente expresa el sentir de la sociedad, sino que va por delante. ¿Quién está ejerciendo el liderazgo de este debate en la región?

FA: Por un lado el feminismo y el movimiento de mujeres ha instalado este debate, planteando: “Tenemos este problema en relación con el cuidado, lo estamos resolviendo las mujeres, ¿Cuál va a ser el rol del Estado?" Ha habido mucha más reflexión sobre eso que sobre cuál va a ser el rol de los hombres. En muchos espacios todavía se piensa que los hombres están en el trabajo o que son un problema si están en la casa porque hay otra persona más que cuidar. En relación con las barreras que encuentran las mujeres para salir al mercado de trabajo remunerado, cuando hay niños, las mujeres encuentran mejores condiciones para salir a trabajar si vive otra mujer adulta en la casa. Cuando hay un hombre, la mujer enfrenta barreras y dificultades. Allí se ve cómo operan los engranajes de la relaciones de género.

También debemos considerar el modo en que han irrumpido estos temas en los medios de comunicación: hoy en día, en la televisión, en la prensa escrita, en las redes sociales está presente el tema de las relaciones de género y también, en menor medida, el tema del cuidado y la paternidad. Estos son indicios de un cambio cultural que está germinando. Estamos lejos de alcanzar la igualdad de género, y si no tenemos mecanismos adecuados para construir una cancha que sea plana para hombres y mujeres, va a ser muy difícil avanzar.

NL: En cuanto al modo en que el Estado se fue aproximando al tema, ¿Cuáles fueron las primeras intervenciones o puertas de entrada al debate de cuidado que utilizó el Estado?

FA: El Estado entra a través de los permisos postnatales con vistas a producir condiciones para el cuidado en los primeros meses, mediante acciones vinculadas con la lactancia, el desarrollo infantil temprano, la salud materno-infantil y las políticas de conciliación trabajo-familia. Hoy en día está empezando un debate acerca de los postnatales masculinos, sin embargo en América Latina estos van de 2 a 10 días en la mayoría de los casos, con excepciones de 15 o 20 días en ciertas ciudades o en el marco de algunos programas como "Empresa Cidadã" de Brasil 5 6. En los países nórdicos los postnatales masculinos fueron considerados la llave maestra para avanzar en estos asuntos. En nuestra región muchas políticas puestas en marcha en las últimas décadas han sido de corte “maternalista”, reforzando el rol trabajador y proveedor para los hombres y el rol de cuidadoras y criadoras para las mujeres.

NL: ¿Consideras que el debate sobre la corresponsabilidad parental se manifiesta de modos diferentes en los distintos estratos sociales? ¿Se evidencian particularidades en las familias indígenas, donde en muchos casos la crianza es más comunitaria que familiar? ¿Cuáles son las particularidades que está tomando este debate frente a la heterogeneidad en las formas con las que se resuelven el cuidado y la crianza en América Latina?

FA: Cuando se alude a la familia nuclear, biparental y heterosexual se está dejando afuera la gran diversidad de familias y la heterogeneidad de contextos y de culturas. Si bien hay muchos estudios sobre paternidad y cuidado en América Latina, la mayoría se han hecho con clases medias y en contextos urbanos. 

Lo que los estudios muestran es que los hombres más involucrados con la paternidad en términos de sus discursos y prácticas son hombres más jóvenes, con mayor nivel de escolaridad y residentes en centros urbanos. El panorama del machismo es más tradicional y complicado en contextos rurales, entre las personas mayores y también en algunas iglesias. Hay una defensa de la familia tradicional en ciertos discursos conservadores. El machismo se encuentra en todas las instituciones sociales, en hombres y en mujeres. Las encuestas demográficas en la región, procesadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), muestran que la violencia contra la mujer en América Latina es más prevalente en las clases medias, lo que derriba el mito de que estos problemas son más agudos entre los más pobres 7. Es altísimo el conservadurismo y el machismo en muchas familias de clase media o alta.

La variable "trabajo" es importante: en el casi un tercio de las familias donde trabajan hombre y mujer encontramos mejores condiciones para la corresponsabilidad. Pero tenemos cerca de la mitad de las familias en América Latina donde la mujer está en casa al cuidado de los hijos, el hombre es el que trae el pan y persiste la idea de roles complementarios, debido a la precariedad laboral, la desigualdad de salario y la fuerza de la cultura.

NL: Entre los comentarios que están llegando, Oscar desde Argentina, advierte que "las licencias y todas las regulaciones que tienen que ver con el mundo del trabajo son un privilegio para el sector formal de la economía". En América Latina el sector informal está sumamente extendido, ahí aparece una restricción. 

FA: En Chile recientemente se extendió el postnatal maternal de 3 meses a 5 meses y medio; la extensión tiene formato de licencia  parental, la madre le puede transferir al padre las últimas 6 semanas. Aquí, el postnatal era para las mujeres con contrato de trabajo y ahora es para todas las madres trabajadoras 8. La única manera de avanzar con este tipo de políticas que protegen las condiciones para el cuidado es extenderla a todas las personas trabajadoras y también a todos los estudiantes. Allí donde hay mayor precariedad e informalidad es difícil proteger las condiciones para el cuidado.

NL: Con respecto a la transferibilidad de las licencias postnatales, hay un comentario de Eduardo que llega desde Perú: "Hay que tender a hacer un esquema de Igualdad en las licencias y no transferibles". La transferibilidad se termina resolviendo dentro de un hogar, que puede estar reproduciendo la idea la mujer cuidadora y el hombre proveedor. Si la licencia postnatal es del mismo tiempo para hombre y mujer e intransferible se evitará una negociación en la que la mujer, en la mayoría de los casos, va a perder.

FA: Cuando las políticas son de corte “maternalista” refuerzan el rol de la madre como cuidadora. Muchos servicios y programas están diseñados para entenderse con la madre y casi no trabajan con los padres. Los postnatales caen en esa tradición. Hoy en día hay un debate enorme en Europa sobre las licencias, hay un movimiento que plantea que los postnatales tendrian que tener la misma duración para hombres y mujeres. En los casos de licencias parentales donde la madre puede transferir un período al padre, la evidencia comparada muestra que no más del 2% de los padres van a tomar esa licencia. ¿Cómo se hace para que los papás puedan tomar la licencia? Las experiencias internacionales exitosas que han pasado desde un 2% a un 80% de los papás tomando la licencia, establecen un período -de por ejemplo 4 semanas-  exclusivo para el padre, intransferible, con un sistema de “si no lo toma se pierde”.

El desafío para los Estados de América Latina donde los postnatales masculinos duran entre 2 y 10 días en la mayoría de los casos, es hacer esos periodos más largos y exclusivos para los padres porque sólo así muchos van a pasar un tiempo en casa, aprendiendo a cuidar y a resolver las tareas domésticas, comprendiendo lo que significa hacer el aseo y las compras, preparar los alimentos, cambiar la ropa, pasear a los niños, llevarlos a la plaza.

Estamos todavía en un paradigma “maternalista” donde solamente se están pensando los postnatales básicos, para la madre, para el primer período, pero no hay una mirada de lo que ocurre más allá. No estamos planteando que se compita con el período postnatal de las madres, sino que se establezcan licencias aparte para romper este orden tradicional de género y que los hombres entren verdaderamente en el territorio del cuidado.

NL: En los términos en los que está presentado el debate cabe la pregunta por la ausencia del niño, porque el cuidado queda planteado como una especie de lucha por no hacer algo, ¿Dónde aparece el disfrute de la crianza?

FA: El discurso sobre la paternidad está muy cargado de la idea de responsabilidad económica. Al entrevistar a personas que han tenido un hijo, en particular los hombres dicen: “Ahora tengo que trabajar más, porque tengo mayores responsabilidades económicas, mi rol principal es proveer…” Todavía el discurso es muy tradicional, si los hombres no pueden cumplir con su responsabilidad económica se sienten culpables, lo mismo ocurre con las madres que salen a trabajar. Es importante cambiar el discurso en torno al cuidado y la crianza, abrirnos hacia el disfrute, darle centralidad a la construcción de una relación saludable con los hijos, para que los hijos estén bien y los padres como cuidadores puedan disfrutar de esa experiencia… Pero la mayoría de las personas trabajadoras sienten una enorme tensión entre trabajar y cuidar, y los Estados deberían ofrecer mejores condiciones para resolver esa tensión y que no quede como un asunto privado.

NL: Profundicemos en el Estado, ¿Cuál es el espectro de intervenciones? Por un lado aquellas que tienen que ver con regulaciones en el mundo del trabajo ¿Qué más? ¿Cuás es el conjunto de recursos que el Estado está movilizando alrededor de estos temas?

FA: Hoy en día varios Estados están avanzando en un conjunto de prestaciones que favorezcan el desarrollo infantil y que generen mejores condiciones para el cuidado. Otra serie de intervenciones tiene que ver con los salarios, la precariedad laboral, el trabajo decente y todos los derechos que desde el mundo del trabajo es relevante garantizar. En América Latina hay fuero maternal pero no hay fuero paternal, o sea un papá que tiene hijos, puede perder el trabajo 9. En muchos países el derecho a sala cuna está garantizado para las mujeres trabajadoras, pero no para los padres trabajadores.

En el campo de la estadística se hace referencia a la fecundidad, y solamente está el dato de las madres que han tenido hijos, pero desconocemos el dato de los padres. Muchas de las políticas construyen el tema del cuidado como un asunto de la madre y el hijo, en el ámbito de la salud -por ejemplo- se habla de la díada madre-hijo. Los hombres aparecen cuando las parejas no están más juntas, en referencia al pago de la pensión alimentaria. Los códigos de familia tienen 200 años en América Latina y en su mayoría cuando hay una separación, automáticamente la custodia queda en manos de las madres, el padre queda definido como alguien que tiene visitas. Ese es otro esquema que hoy está totalmente en cuestión. La legislación de familia es importante, el tema de la cobertura en jardines infantiles también, y los postnatales son otra herramienta central.

Se necesita una mirada que integre las políticas de infancia, las políticas laborales y las políticas de igualdad de género con vistas a mejorar las condiciones para el cuidado infantil.

NL: Entre las personas que están siguiendo nuestra conversación está Yarlenis quien realiza su investigación de doctorado sobre políticas de salud en Cuba y su relación con las masculinidades, ella nos pregunta: “¿Cómo pensar en una participación paterna responsable si en los paradigmas imperantes en la atención a la salud, el hombre sigue siendo pensado por fuera, en las márgenes?" Las prácticas estatales están sumamente atravesadas por esa visión de la crianza como un tema de la mujer, es preciso resignificar los roles de género entre los agentes estatales, ¿Qué se está viendo en ese sentido?

FA: Coincido en que se necesita trabajar con todos los servicios del Estado que atienden familias, cambiar modelos y paradigmas, mejorar condiciones y capacitar al personal. El ejemplo de salud es muy bueno, la incorporación de los padres en el sector salud, ha comenzado en Chile y en Brasil con el tema del parto acompañado. ¿Cómo logramos incrementar la participación de los hombres en controles prenatales, controles de salud, talleres de preparación al parto y talleres de habilidades parentales? Lo usual en América Latina es que las prestaciones de salud trabajen con las madres, el personal se siente más cómodo trabajando con ellas y subyace la idea de que la madre es la cuidadora principal. Esto sucede por cuestiones simbólicas, subjetivas y de cultura, pero también por cuestiones prácticas: si las prestaciones de salud tienen lugar hasta las cinco de la tarde, el papá está trabajando y la madre está en casa, y no hay permisos para que el papá pueda ir, quienes van a llegar son principalmente las madres.

Se necesitan políticas de salud, pero también políticas laborales para permitir que los padres puedan llegar a los servicios. En Chile, los servicios con extensión horaria de 17 a 20hs cuentan con mucho más participación de los padres. Otra cuestión que hemos notado es que sólo el 5% de los baños de hombre del sector cuentan con mudador. También hemos visto que muchos padres que van al control de salud, no entran al consultorio y se quedan en la sala de espera. Todavía son primordialmente las madres las que llevan a las prestaciones de salud a los hijos, pero en algunos países es creciente la participación de los hombres.

En Chile, el programa de paternidad activa 10 y en Brasil, los hospitales amigos del padre, el mes de valorización de la paternidad y la política de salud de los hombres 11 son experiencias que implican avances en estos asuntos. Hoy en día en varios lugares de Brasil, uno de los controles prenatales aborda directamente el tema de salud de los hombres, incluso se le piden algunos exámenes. Así, un dispositivo que estaba pensado para la madre y el niño, hoy en día incorpora al papá e incluso aborda su salud. Durante los últimos 10 años, en el contexto del Chile Crece Contigo, el programa de paternidad activa ha hecho investigación sobre la participación de los papás, se han instalado metas, se ha avanzado en incrementar la participación de los hombres en ecografías, controles prenatales, partos, controles de salud; todavía es baja la participación en talleres de habilidades parentales. Investigamos el tema con 1.850 prestadores de salud de todo Chile, en su mayoría eran mujeres, le pasamos unas escalas de actitudes y vimos que los prestadores/as con actitudes más equitativas de género, preguntan mucho más por el padre cuando no está presente y cuando tienen en frente a la madre y al padre se dirigen más igualitariamente a los dos. El rol del personal de salud es clave y todo el sector debe tener claridad sobre estos temas para impulsar avances.

NL: Desde la UNESCO trabajamos más de cerca en torno al sector de educación. Allí también se ve reforzada la visión tradicional. Por un lado, en los centros educativos hay una fuerte sobrecarga de la mujer en la atención -sobre todo de la primera infancia-. Por otra parte, allí la interlocutora automática es la madre.

Hay una pregunta que plantea Oscar desde Argentina, "¿Existe alguna experiencia de política pública que ponga verdaderamente el interés superior del niño por encima de las políticas económicas y laborales?"

FA: En países como Uruguay, Costa Rica y Chile ha habido un enorme desarrollo de los sistemas de protección a la infancia y del conjunto de prestaciones del Estado para mejorar el desarrollo infantil. Esos tres países se han preocupado por invertir en la infancia, algo que permite ahorrar muchos problemas después, de desarrollo de los niños, de salud, de conflictos con la ley, de vulnerabilidad. Sabemos que los primeros 1000 días son un momento privilegiado en el desarrollo de cualquier niño/a, es por eso que instituciones como UNESCO, el Banco Interamericano de Desarrollo, UNICEF y varios de los Estados en América Latina están iniciando un debate sobre la inversión en la primera infancia 12 para comprometer todos los recursos posibles en ese momento en el que el impacto de la clase social es demasiado relevante; es injusta la diferencia en términos de desarrollo entre los ricos y los pobres, debido al capital cultural, a las condiciones de vida y también a los servicios a los que acceden.

NL: Lo que se conoce como el retorno que tiene la inversión en la infancia en términos de reducción de otros costos en el campo de la política social o el tema de los primeros 1000 días, son los ejes que están en este momento en la agenda sobre la primera infancia. Estos paradigmas han movilizado muchos recursos.

Oscar está apelando a la idea del derecho: hay que darle prioridad al niño y reconocer sus derechos establecidos por la Convención. Es central el tema de las regulaciones en el mundo del trabajo y las disputas sobre las licencias, pero Oscar plantea un punto que tiene que ver con priorizar el interés del niño cuando se está discutiendo la crianza. 

FA: Mi llegada a estos debates es más desde los temas de género y masculinidad. En muchas situaciones, el asunto del interés superior del niño está íntimamente relacionado con los problemas de desigualdad de género. Esto es claro al ver cómo se hacen los arreglos domésticos entre padre y madre, o qué es lo que sucede después de las separaciones. Hoy en día, cuando ocurre una separación, hay padres que están reclamando salir del esquema de las visitas y compartir el cuidado, pero todavía los tribunales se inclinan por otorgar la tenencia a la madre. Otro punto es que en las legislaciones de América Latina muchos derechos que tienen las madres, se transfieren al padre sólo en caso de muerte de la madre. Hay derechos que todavía son concebidos para la madre solamente, es interesante cómo madres y padres son considerados de manera tan distinta por los sistemas jurídicos. He visto casos donde ha muerto la madre y la familia extendida sentencia que “tiene que cuidar la abuela materna”, el papá está ahí y quiere cuidar pero intentan saltárselo. Aquí vuelve la preocupación por interés superior del niño cruzada en muchos casos por el análisis de género.

En mi opinión, hay que avanzar en permisos postnatales igualitarios, salarios igualitarios, emparejar la cancha, producir mejores condiciones y luego de eso veremos cómo muchas parejas resuelven de manera más igualitaria el cuidado.

Las experiencias que más conozco son la brasilera y la chilena que han partido por el tema del acompañamiento en el parto. Desde las políticas de salud, se ha ido otorgando importancia a la participación del papá, tanto para la salud del niño/a como para la de la madre, porque hay evidencia a nivel global de cómo mejoran los partos cuando las mujeres se sienten bien acompañadas y hay menos riesgo en los nacimientos si el padre está involucrado. Han sido procesos lentos en estos dos países, en algunos casos han sido iniciativas de hospitales o centros de salud, aveces con el liderazgo de un grupo encargado de relevar la participación de los padres en estos procesos.

En muchos países todavía se ve a la participación del hombre en el parto como un problema, hay lugares donde no está permitido que los hombres participen. Hay que decir que, en todas las legislaciones del mundo, el derecho a hacer acompañar el parto es de la madre porque tenemos que considerar que hay un porcentaje de hombres que ejercen violencia, y frente a un proceso que ocurre en el cuerpo de la mujer es importante que sea ella la que decida con quién quiere estar.

NL: Diana, desde Argentina, comenta: “También es parte de la igualdad aceptar que las mujeres tenemos el derecho a elegir no trabajar para dedicarnos a la familia un tiempo, esta decisión no siempre es consecuente a una tradición machista”

FA: Nosotros lo que decimos es: Necesitamos emparejar la cancha, generar igualdad de condiciones. Partiendo de allí, una pareja podrá elegir que van a ser los dos cuidadores, los dos trabajadores o que uno va a cuidar y el otro va a trabajar de manera remunerada. Por el momento no tenenemos igualdad de salario y persisten enormes barreras culturales y materiales para que las mujeres salgan a trabajar y puedan proyectarse profesionalmente.

Si se alcanza la igualdad de condiciones, las parejas podrán hacer distintos arreglos, lo complicado es cuando hay papás que quieren cuidar más tiempo y no encuentran condiciones porque sus horarios de trabajo son larguísimos, porque solamente pueden cuidar en las vacaciones y el fin de semana, porque no hay postnatales, porque tienen miedo de llevar el tema al trabajo y que esto ponga en riesgo su continuidad...estamos lejos de tener una cultura que favorezca la participación de los padres como cuidadores.

NL: Hay dos temas que entran en juego, uno es el de la igualación de condiciones laborales para que los dos puedan negociar esa pausa con vistas a cuidar al niño, participar y disfrutar de su proceso de crianza. Paralelamente, la situación se resuelve al interior de la pareja, y hay que garantizar que ese diálogo se dé también en igualdad de condiciones. Allí es donde aparece la mirada patriarcal por la cual casi por mandato le toca quedarse a la madre. Diana reivindica ese lugar, como mujer libre que lo elige. El tema es que esa elección se pueda dar.

FA: Sólo en un tercio de las parejas los dos trabajan remuneradamente. Sólo ahí hay verdaderas condiciones para la corresponsabilidad familiar. La evidencia muestra que a medida que las mujeres salen a trabajar, disminuye la pobreza de sus familias. Se necesitan mejores condiciones para que las mujeres puedan salir a trabajar, mientras sus parejas no las respalden la maternidad está siendo castigada.

NL: Mercedes nos comparte una precaución con relación al uso de la palabra corresponsabilidad; advierte que en algunos países se está utilizando para ocultar la centralidad del Estado en la protección, promoción y distribución de derechos de la infancia y responsabilizar a la familia. 

FA: No sólo hemos tenido políticas de corte “maternalista” sino también “familiarista”, en el sentido de delegar a la familia la responsabilidad por el cuidado de los hijos y de las personas dependientes. En América Latina, la mayor parte del trabajo de cuidado lo realizan mujeres de manera no remunerada, luego las mujeres de manera remunerada, pues son muy pocos los hombres en el mercado de cuidado remunerado.

El documento de la CEPAL elaborado por Rico y Robles, "Políticas de Cuidado en América Latina", expresa el largo debate que ha tenido lugar en los últimos 10 años y reflexiona sobre las obligaciones que tienen los Estados en ese territorio. El hecho de que el Estado garantice estas cuestiones no quita que puede haber una familia que decida que la madre va a cuidar durante ocho o diez años. Pero antes de eso tiene que haber condiciones igualitarias para un cuidado de calidad, una plataforma que permita que hombres y mujeres puedan resolver la tensión trabajo-familia de la mejor manera posible. El rol del Estado es clave en esto.

NL: Ismenia, desde Ecuador, comenta que acaba de realizar una investigación con poblaciones indígenas de la frontera norte de su país, y uno de los hallazgos es que el 99% de los parteros son hombres; los hombres atienden los partos de sus mujeres y reciben a sus hijos. Es interesante poner atención a la diversidad de miradas sobre el parto y la crianza en poblaciones indígenas. Generalmente las condiciones en las que se dan estas prácticas excluyen al padre del vínculo emocional con los hijos. El involucramiento tan fuerte desde el principio es sumamente relevante incluso en términos de autoestima de los niños.

Acercándonos a la recta final, me gustaría que compartas con nosotros las posibles agendas hacia futuro, ¿Qué hay que hacer? ¿Qué debates merecerían profundizarse? 

FA: Algunos ejemplos favorecen el abordaje de este interrogante. En Bolivia, con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, se está realizando en El Alto, cerquita de La Paz, el Programa "P de Paternidad Activa" que consiste en talleres con padres y madres para involucrar a los hombres en la crianza y prevenir la violencia doméstica 13. Mediante esa experiencia podemos ver varios asuntos. Primeramente, la necesidad de contar con más programas. Luego, la relevancia de producir evidencias, tener más evaluaciones de impacto de las intervenciones que incorporan a los hombres. Tercero, la importancia de trabajar la prevención de la violencia doméstica junto con el tema de la paternidad.

La paternidad es un tema altamente convocante para los hombres, despierta mucho interés, desarrollar esta línea de trabajo abre puertas para trabajar otros temas, no sólo el desarrollo infantil o el involucramiento paterno, sino también la prevención de la violencia, la promoción del buen trato y de la buena comunicación en las relaciones en pareja.

La incorporación de los hombres en el sector salud es otro asunto relevante. Al respecto, los países pioneros son Nicaragua, Brasil y Chile. También es clave avanzar en el reconocimiento de la diversidad de familias y paternidades, como la paternidad en las parejas homoparentales, personas trans, padres adolescentes, padres indígenas, padres separados. Por último, retomo la centralidad de las políticas laborales, la igualdad de salarios, políticas de trabajo decente, de conciliación trabajo-familia y postnatales masculinos.

NL: Haciendo foco en las resistencias más conservadoras al reconocimiento de nuevas configuraciones familiares, hay  ciertos sectores que están queriendo frenar los avances que hubo en el campo discursivo, en el campo normativo, en el campo de la reflexión y del debate sobre género, ¿Estamos en un momento de mayor tensión?

FA: Por un lado hay grandes avances en políticas de infancia, protección social, igualdad de género y diversidad sexual, pero por otro lado se observan movimientos conservadores y neoconservadores que frenan o cuestionan estas políticas. Es lo que ha ocurrido en Brasil en los últimos años, donde las bancadas evangélicas han hecho difícil trabajar temas como el matrimonio igualitario, el acuerdo de vida en pareja, el aborto y la igualdad de género.

NL: Se está instalando casi como un debate ideológico, donde unos quieren avanzar en un sentido y otros quieren avanzar en otro. Los avances en términos de instituciones, normas y prácticas, tienen que ver con la materialización de los compromisos asumidos por nuestros Estados al ir ratificando distintos tratados internacionales de derecho. Es clave dar visibilidad a los principios de no discriminación y de interés superior del niño 14 en contextos donde pareciera que se están discutiendo posicionamientos personales. 

FA: Absolutamente. La igualdad de género también es asunto de tratados internacionales. Desde la Conferencia Mundial de Beijing 15 en adelante se ha ido instalando la idea de que se necesita promover la participación de los hombres para que sean aliados en el cuidado y la crianza, comprometerlos para terminar con la violencia contra las mujeres, y para que participen activamente en todos los procesos que tienen que ver con la salud sexual reproductiva.

La mayoría de la esterilización en América Latina se realiza en los cuerpos de las mujeres, sólo un 3% en el cuerpo de los hombres mediante la vasectomía. La participación de los hombres es escasa, incluso hay hombres que están imponiendo su decisión, no quieren usar preservativo por ejemplo, acosan a la pareja, o no la respetan cuando dice no. Es preciso desafiar la cultura machista desde el plano de los derechos sexuales y reproductivos, desde la normativa y desde las políticas, mediante campañas, con debate público, a través del accionar de las ONG y de políticas específicas.

Estos avances son extraordinariamente lentos. Hay hombres que manejan el discurso sobre la igualdad de género o en contra del machismo, pero cuando uno mira sus prácticas, su participación es mínima. En América Latina, las tareas cotidianas de cuidado y crianza todavía son resueltas por mujeres y los hombres lo que más hacen en su casa son tareas esporádicas, lo que no quita que haya algunos muy involucrados, pero son minoritarios.

Hay un conjunto de proyectos comprometidos con dar impulso a la corresponsabilidad en la crianza. Nosotros, desde Chile, trabajamos en alianza con colegas de otros países como la ONG Promundo o la red MenEngage Global para América Latina. En www.eme.cl encuentran toda nuestra producción disponible, también los invito a seguir la campaña de paternidad “MenCare” para América Latina: “Tú eres mi papá”. En el sitio web de la campaña encuentran todo tipo de materiales relacionados con la promoción del involucramiento de los hombres en la paternidad. Además, está disponible la última publicación que hicimos con IPPF, Promundo, EME y MenEngage que se llama Estado de la paternidad en América Latina y el Caribe,  que profundiza en torno a varias de las cuestiones sobre las que estuvimos conversando. Recientemente he estado trabajando en Bolivia, en el marco de una evaluación de impacto del Programa de Paternidad Activa realizada con apoyo del BID, de la que vamos a tener resultados el próximo año. Los colegas de Promundo que están haciendo una evaluación de impacto similar en Ruanda, han notado que cuando los papás se involucran en los talleres luego participan más en la crianza y el hogar. Por último, estamos inaugurando en el centro cultural La Moneda una exposición de 25 fotos de papás suecos y 25 fotos de papás chilenos en situaciones de cuidado.

NL: Pensando en los padres suecos y los chilenos queda abierto un tema que dan ganas de profundizar, ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad de aquellas sociedades que permitieron el avance en la igualdad de género? ¿En qué medida nosotros podemos tomar esas experiencias como referencia? Es un horizonte al que todos aspiramos pero está la discusión sobre la replicabilidad de esas experiencias de sociedades con tal nivel de bienestar y de cohesión frente a sociedades tan desiguales y fragmentadas como las nuestras. Es una discusión que tal vez podamos retomar en otro momento. Francisco, quiero agradecerte especialmente esta conversación sumamente interesante, y gracias a todos los que participaron.

 

 

Notas

1 -

Los Eventos del SITEAL son reuniones globales que conectan a referentes de Latinoamérica para reflexionar sobre la situación socioeducativa en la región y brindan oportunidades para debatir junto al público sobre los principales temas de la agenda de primera infancia, educación y TIC, entre otros.

3 -

Al respecto ver: Sarkadi, A., Kristiansson, R., Oberklaid, F. y Bremberg, S. (2008) Fathers’ involvement and children’s developmental outcomes: a systematic review of longitudinal studies. Acta P.diatrica 97, pp. 153–158.

4 -

Al respecto ver: Allen, S. y Daly, K. (2007) The Effects of Father Involvement: An Updated Research Summary of the Evidence Inventor. Canadá: Centre for Families, Work & Well-Being, University of Guelph.

5 -

Las empresas que adhieren al Programa Empresa Ciudadana prorrogan por sesenta días la duración de la licencia por maternidad (de cuatro meses) y por quince días la licencia por paternidad (de cinco días). Más información

6 -

El Dato Destacado "Tiempo para cuidar", disponible en el sitio del SIPI, ofrece información detallada sobre la duración de las licencias por maternidad y por paternidad en 19 países de América Latina.

8 -

En Chile, la Ley 20.545 modifica las normas sobre protección a la maternidad e incorpora el permiso postnatal parental.

Acceden al permiso postnatal parental:

-Trabajadoras dependientes.
-Trabajadoras que coticen de forma independiente o modalidad honorarios.
-Trabajadoras temporeras por obra, servicio o faena pueden acceder al nuevo posnatal, beneficio denominado Subsidio a la Maternidad.

Pueden optar a alguna de las siguientes modalidades del beneficio:
-24 semanas de descanso completo para las madres (postnatal normal más postnatal parental de 12 semanas a jornada completa). 

-12 semanas de descanso completo para las madres y, a continuación, 18 semanas media jornada.

-12 semanas de descanso completo para las madres. De las 12 semanas restantes en jornada completa pueden traspasar un máximo de seis semanas a los padres. Si las madres optan por la media jornada para esta segunda etapa, sólo pueden traspasar 12 semanas a los padres en la misma modalidad.

Más información

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El fuero maternal consiste en proteger a las mujeres embarazadas que trabajan, garantizándoles su permanencia en sus puestos de trabajo incluso después del parto. La extensión de este derecho suele establecerse en los Códigos de Trabajo y varía en cada país. 

10 -

En el marco del Chile Crece Contigo se promueve la participación de los padres en los controles de salud, durante el proceso de nacimiento y a lo largo de la crianza.

Para  acompañar en el ejercicio de una paternidad participativa y corresponsable de niños y niñas, desde el segundo control prenatal se entrega a todos los papás o figuras paternas significativas la Guía de Paternidad Activa y Corresponsabilidad en la Crianza y el Folleto Desplegable de Bolsillo, todo lo cual aportará a revisar, conversar y acordar roles dentro del proceso de crianza.

Más recursos del CHCC:

Cápsula audiovisual que promueve la paternidad activa y la corresponsabilidad en la crianza

Programa de Radio sobre paternidad activa

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La Política Nacional de Atención Integral a la Salud del Hombre (PNAISH) instituida por medio de la Ordenanza GM / MS nº 1.944 de 2009, tiene como objetivo la promoción de acciones de salud que posibiliten la aprehensión de la realidad de los hombres entre 20 y 59 años de edad, siendo Brasil uno de los primeros países en formular una política dirigida a este segmento poblacional e instituir una Coordinación en el Gobierno Federal. Otros países son Irlanda (2008) y Australia (2010).

El Mes de Valorización de la Paternidad, que se celebra en agosto, tiene como propósito promover el compromiso de los hombres en las acciones de planificación reproductiva, seguimiento prenatal, parto y posparto de sus parejas y en los cuidados para el desarrollo del niño, con la posibilidad de mejorar la calidad de vida para todas las personas involucrados y de consolidar vínculos afectivos saludables. El mes de valorización de la paternidad fue instituido por el Comité Vida, grupo de trabajo intersectorial que integra profesionales de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, universidades y demás personas e instituciones interesadas. La Coordinación Nacional de Salud del Hombre (CNSH) apoya esa iniciativa que se basa en uno de los ejes prioritarios de la Política Nacional de Atención Integral a la Salud del Hombre (PNAISH): Paternidad y Cuidado.

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Al respecto, se puede consultar el documento La inversión en la Primera infancia en América Latina. Propuesta metodológica y análisis en países seleccionados de la región. Este estudio está orientado a promover el análisis de la Inversión social orientada a la primera infancia a la región. En primer lugar se presenta una propuesta metodológica que permite medir el alcance del esfuerzo, en términos de gasto, que realizan los Estados  para garantizar el cumplimiento efectivo de los derechos de la niñez en los primeros años de vida. Luego, se prueba esta metodología en 9 países de la región. 

En marzo de 2016, en el marco de los Eventos del SITEAL, Néstor López -Coordinador del SITEAL- y Javier Curcio -Economista especializado en el análisis de la inversión social- conversaron sobre este documento. CONVERSACIÓN CON JAVIER CURCIO

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Al respecto ver: Aguayo, F., y Kimelman, E. 2016. Programa P Bolivia: un manual para la paternidad activa. Washington, DC: Banco Interamericano de Desarrollo. https://publications.iadb.org/handle/11319/7999

resumen en: http://www.eme.cl/programa-p-bolivia/

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La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CIDN) provocó un cambio radical en la manera de pensar al niño. En primer lugar, reconociéndolo como sujeto pleno de derechos. Pero también, instaurando cuatro de sus artículos como principios  fundamentales.
Estos principios son:
-el derecho de los niños a ser protegidos contra toda forma de discriminación (art.2),
-el interés superior del niño (art.3),
-el derecho a la supervivencia y el desarrollo (art.6),
-y el derecho a formarse un juicio propio, expresar libremente su opinión y ser tenidos en cuenta (art.12).

El ejercicio del principio de no-discriminación en el acceso y goce de los derechos para realizar el interés superior de los niños implica una doble acción del Estado: tomar las medidas necesarias para prohibir cualquier forma de discriminación y corregir las situaciones de desigualdad mediante acciones positivas​.

El interés superior del niño constituye la esencia de la CIDN que en su artículo 3, párrafo 1, establece que una consideración primordial de los Estados en todas las medidas concernientes a los niños será su “interés superior”. La Convención y sus protocolos facultativos proporcionan el marco para evaluar y determinar el interés superior del niño. La obligación de que el interés superior del niño sea una consideración primordial es especialmente importante cuando los Estados sopesan prioridades que se contraponen, como las consideraciones económicas a corto plazo y las decisiones de desarrollo a largo plazo. Por lo tanto, los Estados deben estar en condiciones de demostrar cómo se ha respetado el principio del interés superior del niño en la adopción de decisiones y cómo se han valorados sus intereses frente a otras consideraciones.

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La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en septiembre de 1995, logró una asistencia sin precedentes: 17.000 participantes y 30.000 activistas llegaron a Beijing para participar en la inauguración. Pese a su gran diversidad y distinta procedencia mundial, compartían un único objetivo: la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres, en todas partes.

Luego de dos semanas de debates políticos, a veces acalorados, los representantes de 189 gobiernos consiguieron negociar compromisos de alcance histórico. Treinta mil activistas no gubernamentales asistieron a un foro paralelo y continuaron presionando, tendiendo redes, incidiendo en las opiniones y guiando el enfoque de la cobertura mundial por los medios de comunicación. Cuando la conferencia llegó a su fin, había producido la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, el plan más progresista que jamás había existido para promover los derechos de la mujer.

Como marco definitorio para el cambio, la Plataforma de Acción formuló amplios compromisos en 12 esferas de especial preocupación. Incluso ahora, más de 20 años después, sigue siendo una poderosa fuente de orientación e inspiración. Más información